El día de mañana 
 
El día de mañana
que parece que vendrá feliz,
que parece que vendrá cantando,
está horriblemente muerto,
desfigurado.
 
El pan que comés
entre estos asesinos
no puede ser un sol,
no puede ser la libertad,
ni puede ser feliz.
 
Que hoy no sangre tu cara
no quiere decir
que el mañana prometido
no esté tumbado, muerto
que el mañana no esté llorando.
 
Hoy mismo, ahora mismo
en estos campos sellados
una alambrada retuerce
el grito de los vivos,
el grito de los más vivos.
 
Que no seas vos
el que escupe sus dientes
en una maldición ensangrentada,
que no seas vos
que pidás por tu amor
que te dejen vivir,
que pidás por tu amor a la vida
que te dejen vivir
desnudo sobre una mesa,
no quiere decir
que no seas vos el que caerá mañana.
 
 
Mirá bien a los ojos
a tu hoy muerto.
Mañana, si te quedás ahí,
no vivirás mejor:
mañana muerto.
 
Estas son las sucias tripas
de unos hombres.
Estas son las raices vivas
de unos hombres
asesinados en el amor
por su odio al hambre.
 
La dentellada,
la cremallera que los rompió te ríe,
te ofrece un falso pan,
te habla de mañana.
 
Mirá bien a los ojos
a esas mujeres,
a esos hombres muertos.
No. Así,
mañana no vivirás mejor:
mañana muerto.
 
Mirá bien a los ojos
agarrado, prendido
hundiendo tu cara
en este tejido de sangre.
No. Así,
mañana no viviré mejor:
mañana muerto.
                            
de “El día de mañana” / poemas / 1971.1973
 
Homenaje a los 16 militantes revolucionarios masacrados en Trelew,
el 22 de agosto de 1972.