mientras cumple su oficio
que le cayeron mal los ravioles
tiene arcadas
y acaba vomitando
sobre la cara del torturado.
 
El torturado habla palabras incomprensibles.
 
Total que es muy difícil entenderse.
 
El torturador se pone nervioso
y se ensaña con el torturado
lo que empeora aun las cosas.
 
Rogamos
en aras de la reconciliación nacional
que la mujer de todo torturador
ponga un poco de esmero en la cocina.
 
(1973) De No ha lugar.