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En la estructura de su
poesía detectó el tiempo histórico de una persona que se
mantiene consecuentemente en las marcas originales de
sus experiencias y en los hechos propios de su condición
humana. En el acto creador accede de una forma u otra a
los grandes y esenciales temas de la existencia, sobre
todo el amor, la duración de la vida, el conflicto
social y la muerte. La poesía de Otto René Castillo es
ejemplo vibrante de reconstrucción concientemente
creadora, aunque también hay una intuición estética que
coincide con la idea antigua de que la poesía es una de
las vías para llegar a la verdad esencial del ser, a
veces más efectiva que la historia misma.
Los poemas ottocastillanos transmiten autenticidad y
entrega a los ideales más amados, y por eso conmueve, al
abordar esencialidades del ser humano. No se queda
simplemente en el juego formal o rítmico de la palabra
que se fija en el entretenimiento de lo armonioso y la
conjugación. Su lenguaje metafórico conduce a buscar la
presencia de lo indirecto a través de lo directo, en un
juego especialmente dialéctico donde se trasluce la idea
que sin poesía el ser humano no sería plenamente, sino
sería predestinado a lo pueril e intrascendente. La
metáfora no es sólo un medio de expresión, sino, además,
un instrumento para descubrirse en el mundo y en su
temporalidad. Se puede afirmar que su poesía sugiere que
el ser humano es siempre metafórico y por tanto poético
y en ese sentido trata de ubicarlo, no sólo en lo
natural, sino en su especificidad íntima.
La vida de Otto René Castillo es muestra conmovedora de
la integridad del ser humano y sus relaciones con el
mundo y con los otros. El discurso de Otto René Castillo
contiene, además, la sublimación y restitución de las
pérdidas originales y por tanto de sus faltas o
carencias. Pero entiéndase bien, que no se trata de
derivarla hacia el dolor de la existencia, sino de
situarse frente a ella por la ruta de la serenidad y la
reconstrucción, sobre todo a través del amor y en la
suprema decisión por la lucha trágica. Cumple a través
de su obra poética con un servicio de ontología sublimal.
En este sentido, los recuerdos son medios y caminos
hacia lo perdido en el tiempo vital y en las marcas de
las vivencias. Se trata de una reconstrucción de las
pérdidas del ser humano, mutilado y alienado, que
culminan en el hecho de que, sólo a través del arte y la
poesía, se restituye la vida y el mundo en constante
destrucción, tanto en el medio donde se vive como
internamente.
Recordemos que nació en Quetzaltenango, Guatemala en
1936. Creció en una etapa política de grandes
transformaciones revolucionarias, era sin duda "nacido
en octubre para la faz del mundo". Lo que le permitió
nutrirse de nuevos horizontes y esfuerzos comunitarios
por levantar una patria libre, habitable y productiva.
En su adolescencia sus potencias creadoras se
consolidaron, pero fueron violentamente reprimidas con
el derrumbamiento de la Revolución de Octubre debido a
las traiciones militares y económicas al servicio de la
fuerza imperialista.
Otto René ocupó cargos estudiantiles muy importantes y
dadas las presiones del régimen represivo, tuvo que
emigrar con un grupo de jóvenes a El Salvador, donde
continuó su doble lucha política y poética, entablando
amistad con Roque Daltón, Manglio Argueta y otros
grandes prospectos salvadoreños. Trabajó en muchos
oficios para poder subsistir, pero dado el dolor de la
patria herida empezó a escribir sus poemas que le
permitieron publicar en la prensa salvadoreña y
significarse como poeta, llegando a obtener un Premio de
la Universidad. Su lucha revolucionaria se intensifica y
nutre de experiencias invaluables en lo estético y
también en lo político, siempre dos caras de la misma
moneda para él. La ternura y profundidad de su poesía
responde desde el principio y sin ambages a las clases
explotadas y marginadas, a la que dedica sus primeros
poemas de Atanasio Tzul.
En 1957 regresó a Guatemala e ingresa a la Facultad de
Derecho, donde se distinguió por su elevado rendimiento
académico, obteniendo una beca para realizar estudios en
la Universidad de Leipzig. En 1962 se incorpora a un
grupo de preparación técnica para la filmación de las
luchas armadas destinadas a liberar a los países
latinoamericanos. De vuelta a su país se dedica al
teatro, sin olvidar su compromiso revolucionario. Pronto
fue controlado por las fuerzas armadas y enviado al
exilio nuevamente.
Viaja por varios países de Europa y América para
finalmente incorporarse en la Sierra de las Minas a la
guerrilla guatemalteca. Es capturado por las fuerzas del
gobierno y conducido a Zacapa, en donde después de
sufrir tremendas torturas y mutilaciones, fueron con su
compañera quemados vivos.
El discurso poético de Otto René Castillo permanece
vigente en la problemática guatemalteca y
latinoamericana. Las horas del continente son siempre
horas de epopeya y lucha. Nadie más acertado que Luis
Cardoza y Aragón para ubicarlo: "Hora que escribo estas
palabras a la memoria de un poeta y de una obra
singulares, cortadas por la generosidad de su corazón y
de su esperanza, escuchó un albor de que su poética está
suscitando comprensión más precisa de nuestra vida
cargada de dolor. Hay esperanza que se inicie la marcha
hacia un entendimiento de la vida, de la paz, del hastío
de la crueldad."
Mucho de la profunda intuición ingénita de Otto René
Castillo, se sustrae de las ideas y preocupaciones
sociales. Estoy convencido que su sacrificio heroico por
el pueblo no ha sido en vano. Otto René sigue viviendo,
las llamas no lo extinguieron sino se han hecho más
potentes para expandir su gran calor humano.
Pero Otto René es ante todo un poeta, un gran poeta que
no se queda en las superficies, sino ausculta,
desentraña los signos ocultos y primigenios de nuestros
ancestros mayas que residen en las entrañas mismas del
ser guatemalteco y su voluntad de supervivir dignamente.
Su poesía no responde a intereses egoístas de
restitución individual sino a la reconstrucción y
defensa de la libertad de todos, entre los que cuentan
de manera especial los grupos indígenas. Será siempre un
poeta popular.
La unidad de una patria libre de represiones resulta un
Leitmotiv. No quería el "estado de sitios del alma". Al
contrario, Otto René Castillo anhela y expresa el
impulso generativo del ser, con el prurito de alcanzar
una libertad que sea sinónimo de belleza. Me permito
afirmar que los grandes héroes del pensamiento y la
acción, en su entrañable sacrificio inexorablemente
superan a la muerte. Lo físico se subordinado a lo
espiritual. Cuarenta años de su muerte resultan entonces
sólo una ilusión y de nuevo para vencer a la ignominia
habrá que repetir las veces que sean necesario: "yo he
de morir para que tu no mueras". |