- Arte, Poesía y Vida
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- «Porque los hombres, Sócrates,
han olvidado la obligación de pensar...»
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- Nosotros, poetas del mundo
decimos « ¡Basta!» y decimos «lobos».
- « ¡Basta!»: una de las más
hermosas palabras poéticas pronunciadas o a ser pronunciadas aún.
- «Lobos». Los poetas somos
«lobos esteparios», y nos «organizamos», al modo de los lobos,
no al del hombre lobo del hombre.
- «Los lobos sanos y las mujeres
sanas... han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de
ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que
sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo
quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de
la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni
rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las
mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente
similar.” ¾Clarissa
Pinkola Estés, «Mujeres que corren con los lobos»¾
.
- Nosotros, poetas del mundo, somos
lobos en defensa de ese «territorio salvaje» y sublime que, por
fortuna, aún existe debajo de la vida transformada en «Dios
Mercado».
- Los poetas del mundo aullamos que
la Poesía es opositora, crítica, rebelde y subversiva por
naturaleza.
- Que la poesía destruye y se
autodestruye en un solo movimiento.
- Que se recrea a sí misma, y
recrea el mundo permanentemente. Nietszche: «Di tu palabra y rómpete».
- Decimos, con los surrealistas, que
la Poesía es libertad absoluta.
- Que es imaginación.
- Y con el fuego prometeico de León
Felipe, en un grito de ángeles, aullamos que la Poesía es un
sistema luminoso de señales.
- Aquí nuestro « ¡Basta!»,
nuestro aullido, nuestras señales.
- Y nuestro intento de alas:
- 1. « ¡He aquí el tiempo de los
asesinos!», escribió Rimbaud. Este tiempo se ha extendido hasta
el siglo XXI, se ha profundizado como nunca y, por fin,
parece haberse arraigado en la Tierra para siempre.
- 2. Nosotros, poetas del mundo, nos
revolvemos contra ese «Tiempo de los Asesinos», como lo hizo la
Poesía desde que el primer ser humano alumbró el primer verso y
el primer ser humano dejó su primer trazo en la primera caverna.
- 3. El Tiempo de los Poetas es el
de las Madres dadoras de Vida. « ¡Ah, qué buena la tierra de mi
huerto. Hace un olor a madre que enamora!» (Miguel Hernández).
- 4. Es el tiempo de la poesía
escrita y cantada en femenino, aunque la cólera, la disonancia,
las aberraciones del lenguaje (para los «académicos»), la falta
de «decoro» (para los «bienpensantes»), y la sed angustiosa de
reparación dominen, y nos muestren como retoños de los viejos «asesinos».
- 5. Las mujeres y los varones
poetas del Siglo XXI hemos decidido «matar» con palabras a los
Asesinos con armas. Palabras no regladas por nadie más que por el
propio poeta. Palabras no fraguadas en ninguna fragua más que en
la suya: ni siquiera en la de los dioses, aunque el canto sea un
don de ellos, ni menos que menos en la del lenguaje al uso (o «no
lenguaje», en rigor), burda caricatura del Lenguaje Común y, por
tanto, de la Razón Común, que les han sido arrebatados por los
Asesinos al Pueblo convertido en masa.
- 6. La masa no entiende la poesía;
el Pueblo –o lo que aún pueda quedar de él–, sí.
- 7. La Ilíada o la Odisea eran
poemas tan extraordinariamente bellos como populares. En aquellos
remotos tiempos no existía ninguna diferencia entre los griegos,
o los antecesores de los griegos, y sus poetas. Grecia fue primero
la Poesía y luego la Filosofía. Y la Poesía, durante siglos, se
transmitió de boca en boca (y así se fundó la tradición oral),
y la Filosofía era discutida en la plaza pública, en el mercado
¾con minúscula: tan sólo se trataba del mercado de huevos y
gallinas¾ (y así se fundó la dialéctica, la discusión
razonable tan vituperada hoy por el positivismo, el pragmatismo o
la Razón Técnica).
- 8. El positivismo, el pragmatismo
y la Razón Técnica cumplieron la «misión» para la que
nacieron: despojaron a los seres humanos de su herramienta
fundamental: la posibilidad de decir «No», de criticar, de
disentir. Lo despojaron de su «negatividad», el atributo humano
por excelencia, el único que nos diferencia del resto de las
criaturas del universo. Le domesticaron la rebeldía. En suma, nos
transformaron en un «Sí» absoluto. Somos máquinas de admitir,
consentir y asentir «consensos». Reflejos condicionados. La
Humanidad se encuentra al borde de un precipicio cuyo fondo
monstruoso no podemos concebir siquiera. « ¡Basta!», bramamos
los poetas del mundo.
- 9. De las dos dimensiones
esenciales que nos constituyen (la del «Sí» y la del «No»),
nos han dejado sólo la primera, porque descarada pero
insensiblemente se robaron la segunda. De ahí que los hombres
sean hoy la reproducción fiel de aquel Hombre Unidimensional del
que nos habló por primera vez el filósofo Herbert Marcuse en
1964.
- 10. Sin embargo, la Belleza, la
Verdad y el Bien (los valores supremos socráticos y de toda la
filosofía que siguió) sólo pueden ser captados en todo su
esplendor por el «No».
- El «No» niega la comodidad, la
facilidad y la vulgaridad del dato inmediato, los «hechos». El
«No» es símbolo de libertad.
- Que la Tierra gira alrededor del
sol, y no a la inversa; que el «David» de Miguel Ángel tiene la
perfección de la que no hubiera podido gozar jamás el David real;
y que el «otro», el prójimo, soy yo, constituyen revelaciones,
manifestaciones del Ser que sólo se pueden avizorar más allá de
los datos brutos de los sentidos, más allá del consentimiento
ingenuo (del «Sí» asesino) que damos a lo que se nos aparece
cotidianamente.
- 11. Los poetas del mundo seremos
los Poetas del «No», o no seremos nada.
- 12. Para nosotros «la Belleza será
convulsa o no será» (Bretón).
- 13. Ese «No» es «totalitario»
en el mejor sentido del término, es decir, es un «No» «totalizador».
Incluye todos los asuntos del mundo humano, puesto que «nada
humano nos es ajeno».
- No nos son ajenos ni el amor, ni
el erotismo, ni la sexualidad.
- Ni la Pasión del Absoluto (Louis
Aragon).
- Ni las hoy llamadas «guerras».
- «Guerras», dicen de las
agresiones del Imperio contra los pueblos más débiles de la
Tierra, si son poseedores aún de alguna riqueza que se pueda
saquear; o si ocupan alguna posición estratégica desde el punto
de vista de la prosecución de la sagrada tarea del saqueo de
otros pueblos que todavía queden relativamente indemnes. A los
poetas del mundo no nos son ajenas, y las vibramos.
- Como no nos son ajenas la miseria
crecientemente «globalizada», ni la falsedad de los también
cada vez más globalizados «derechos humanos» que, en realidad,
son los «derechos de los solventes». «Derechos Humanos»:
he aquí otra jugarreta con las palabras, esas palabras que
tenemos el deber irrenunciable de defender de todo truco, de todo
pase mágico que pretenda ocultar o deformar la verdad.
- 14. Los poetas del mundo tenemos
el deber de alumbrar auroras. Puesto que nuestro oficio son las
palabras, nuestra obligación ¾junto a nuestros camaradas
creadores de la ficción literaria¾ es la de desenmascarar
los millones de términos y frases obviamente falsos que nos
«venden» como obviamente verdaderos.
- Al igual que en el caso de los tan
recitados «derechos humanos», nuestro deber moral, subversivo,
escandaloso, demencial, para el mundo «políticamente correcto»,
consiste en denunciar la ya insoportablemente extendida y
normalizada «defensa del medio ambiente». ¡No! Rechazamos
esa bandera cuando, hoy más que nunca, es enarbolada hasta el
cielo por los mismos que depredan el planeta sistemáticamente.
- Abominamos también del resto de
las banderas negras de los piratas del siglo XXI. Estas banderas
ya no ostentan una calavera con dos huesos atravesados. En una
mueca de puro mentir, nos exhiben los rostros de jóvenes bonitas
o fascinantes, según corresponda, rostros con los que nos venden
desde un automóvil hasta la creencia ingenua de que lo único que
les importa a estos Asesinos internacionales, multinacionales y
nacionales es nuestro bienestar o la preservación de la
Naturaleza, nuestros «derechos humanos» y nuestra bendita ¾pero
en el fondo despreciada por ellos¾ Madre Tierra.
- ¡Fariseos! Los poetas
del mundo tomamos como ejemplo al Cristo de los Evangelios, y
marcharemos junto a los Pueblos cuando despierten y griten « ¡Basta!»,
y echen a los mercaderes del Templo.
- El Templo del siglo XXI ya
no está en Jerusalén: es la propia Humanidad encadenada y
utilizada como hiedra enmohecida. « ¡Basta!»: Basta de seres
humanos condenados y agradecidos de ser sometidos a las sombras.
- 15. Los poetas del mundo nos
comprometemos al amor.
- Porque tenemos la certeza de que
ya no se vive el amor en los tiempos del cólera, sino la cólera
despojada de todo amor. Y que por el sexo sin alma, ni vida, ni
albores que nos rodea ¾virtual, incoloro, inodoro e insípido¾ ,
el Eros terminó en mera gestualidad patética y olvidó toda
trascendencia.
- El deseo pasó a los objetos de
consumo y se consumió en ellos. Renunció al deleite de la comunión
de cuerpos, almas y mentes, y convirtió al mundo en un «no lugar»
deserotizado, con hombres y mujeres librados al consumo de su
propia soledad.
- Nosotros decimos « ¡Basta!» a
este «hoy» deserotizado del mundo, donde cada «yo» es una mónada
sin ventanas desde la cual nadie puede comunicarse con nadie. En
esta compra-venta «global» donde también el amor es una mercancía,
es hora de decir ¾otra vez con Marcuse¾ que la llamada «Revolución
Sexual», que por fin iba a liberarnos y entregarnos la Felicidad,
se convirtió finalmente en la «Revolución de los Negocios».
- La Belleza es nuestro deber.
- 16. Un mundo sin amor es un mundo
sin poesía. Si John Donne, Paul Eluard, Julio Cortázar, Paul
Celan, García Lorca, Miguel Hernández, Nazim Hikmet o Robert
Desnos resucitaran en este siglo «cambalache», continuación y
superación insuperable del «cambalache» anterior, no escribirían,
sin embargo, poemas ajenos al erotismo ni a la excelsitud del
amor. Y nosotros, poetas del mundo situados en la más dramática
encrucijada de dos siglos, levantamos sus antorchas y tratamos
desesperadamente de reerotizar el mundo, desde y con nuestra Poesía.
- 17. «No son restos, son semillas»,
dijo Tencha Bussi, frente a los «restos»
de su amadísimo hombre y esposo, Salvador Allende.
- Y
nosotros, poetas del mundo, nos comprometemos en la
esperanza, en la lucha celeste y en
la siembra. Para poder decir un día:
- * «Cumplimos. Hemos ‘matado’,
con palabras, a los Asesinos».
- * «Las semillas dieron sus frutos
y petrificaron guadañas, para que nunca más haya mártires.
Nunca. Nunca. ¡Nunca Más!»
- * « ¡He aquí
- Por
fin
- El
tiempo de los que aman!»
- [«... y aun cuando el rebaño
pudiera vivir amordazado, aun cuando algunos toleraran o acaso
prefirieran la discreción, él, Sócrates, no imaginaba siquiera
un mundo hecho de silencios, un mundo sin la palabra que despierta,
que aviva, que estimula, un mundo en que no existieran los versos
de Homero ni las tragedias de Eurípides ni las historias de Heródoto.
No imaginaba un mundo ayuno de voces y palabras, pues la palabra
era como el antiguo fuego que Prometeo había robado a los dioses;
la palabra otorgaba sentido al hombre y le confería un aura
sagrada, casi divina, y sin ella quedaba reducido a una mera
criatura salvaje y sentenciada a errar por el mundo como una
sombra». Ibídem.]
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