>"La novela está bien. Hasta te diría que está muy bien. Pero mete mucho los acentos en cuestiones que ya debieran ser dejadas atrás. No digo: olvidadas. Sino aparcadas a un coté, superadas. La gente quiere leer otras cosas. Busca más cierto optimismo, algún futuro en el que soniar".

>El que esto decía era el mismo editor que hace poco tiempo atrás, publicó su primera novela. Tito se quedó de una pieza. La carne se le hizo como de asombrosa piedra repentina. Se preguntó: "Cómo? No son los escritores los que van indicando los rumbos de la realidad? Los que proponen con su exploración los materiales reales y fantasiados como para que los lectores sepan los vericuetos que va tomando la vida personal y colectiva? Qué? Volvimos a cierto estalinismo militante que dictaba, para el bien común, lo que los ciudadanos deberían digerir? Quién proyecta aquí: el creador o el mercado?".

>El editor, meneando la cabeza de un lado a otro como si fuera un abanico, le reintegraba el laborioso manuscrito metido en una carpeta de fuertes tapas negras, conteniendo los casi 300 folios de un trabajo de redacción y correcciones que le yevó 2 anios, pero que fabulaba desde hacía más de diez y cuya experiencia se apoya en sus casi 60 de existencia. Como decía Juancito, en la época de la redacción del diario "La Opinión":
" En fin!, dijo Serafín, "Y se tragó una percha!".

>Pero a Tito se le quedó la percha engolada. Aún hoy, cuando hablamos en su casa de la Plaza de Moros, en Madrid, si le mirás bien el cogote, verás que su nuez de Adán la tiene más marcada, como si un trasto infagocitable cargado de amargo rencor, se resistiera a seguir de largo y hacia la inopia, por su tubo digestivo de tenaz cronista...

>Nació el 30 de julio de 1945, en el barrio portenio de Floresta, "un conglomerado de empleados y trabajadores de baja clase media". Vivió hasta los 20 en la casa familiar de la caye Sanabria, la larga caye de veredas anchas y grandes árboles paraíso, yenos una vez al anio de aqueyos frutitos yamados "revientacabayos" y que servían para batayas entre los pibes arrojándolos con la mano desnuda o con gomeras elásticas. Su padre, Manuel, "un austero empleado municipal" y su madre, Asunción, "el nervio y la sangre de aqueya casa", eran gayegos oriundos de Lugo y jóvenes inmigrantes de los anios 20, cuando la Argentina parecía toda eya un gran árbol Paraíso.

Los dos eran primos lejanos y se reencontraron en la promisoria y buyente ciudad del Plata. Fue el quinto y último hijo de esta pareja bien avenida alrededor de una esperanza conjunta. "Me hicieron una noche afortunada o aciaga, según se mire...Mi madre tenía 42 anios y una boquita más que alimentar, cuando ya todo parecía haber alcanzado el equilibrio, era una cuestión bastante seria..". Hizo la escuela primaria y el secundario por las mismas lindes. Y por supuesto que jugó al fútbol en la caye los sábados por la tarde! Por aqueyos parajes ya corrían los alientos sudados del Argentino Juniors, de cuyo semiyero saldría, décadas más tarde, el imponderable "Pelusa" Maradona. "Nací casi iluminado por el Resplandor Final: Hiroshima y Nagasaki". También muy próximo al 17 de octubre, cuando inesperadas masas bruscas de trabajadores cruzaban el Puente Alsina rumbo a la Plaza de Mayo para liberar a su Líder: Juan Domingo Perón.

>Con 10 pirulines, desde la esquina de su mítica Sanabria esquina con San Blas, vió "una bataya aérea entre dos aviones, que jamás olvidaré". La Libertadura. Y con 20, discutía a muerte con su familia filosocialista pero antiperónea a rabiar. No se abrió de los viejos por esto, pero algo le hizo pensar que crecería mejor en otros aires. Comenzó sus estudios de periodismo. Publicó su primer y único poemario por ahora: "De los ojos y las ganas", ( Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1966 ). "Respiraba poesía hasta por las orejas: César Vallejo, Raúl González Tuñón y Juan Gelman: esos eran mis paradigmas. Y a sus sombras puedo decir que mis versos vieron la luz!".

En los anios siguientes trabajó en "Clarín": "Ayí estaba en una comisión de empresa que planeó una huelga. Fracasó y nos despidieron. Entre mis companieros estaba Paco Urondo. Y nuestro abogado era  Roberto Quieto. Con la guita de la indemnización, me casé. Yo tenía 20 y eya, 18".  Luego: colaboraciones en "Siete Días", en "Confirmado", semanarios de mucha relevancia por aqueyos tiempos. Militó en el maoísmo y cuando las bases populares abrieron sus brazos, se integró a las filas del peronismo revolucionario. Se proletariza: es obrero en talleres gráficos y metalúrgicos y finalmente, consigue recalar en la fábrica textil "Alpargatas". Retorna al periodismo: "Democracia","Noticias" y "El Cronista Comercial": “Anios  caudalosos que se nos fueron como agua!", dice sin restos de lamento alguno. Como el que más, el golpe militar lo agarró " desconectado, deambulando, medio perdido: había que desensiyar hasta que aclarara, como también lo sostenía Rodolfo ( Walsh )".

Hacia finales de 1976, inicia su exilio hacia España. Con el heterónimo de Manuel ( nombre del padre) Sanabria ( nombre de la larga caye que le vió crecer ), colabora en la prensa espaniola, orientando sus escritos hacia una tarea lúcida de denuncia y testimonio contra la dictadura argentina y su trágico genocidio incalculable. En el 2002, publica su novela "El Club: una historia argentina"  ( Editorial Catálogos, Buenos Aires, 2002 ): Mil doscientos ejemplares donde se reúne una condensada vivisección de la crisis que agobió y agobia a su querida patria a partir de los acontecimientos sociales en un club de barrio, donde ferozmente desfilan esperanza, progreso, expectativas, miedos, incertidumbres, deterioros, decadencia y terror.

El texto inédito que damos a conocer es del libro "Todo no se puede... ¿viste?" ( Madrid, 2005 ), donde vuelve a recrearse el estado implacable de corrupción y deterioro progresivo de un cuerpo social todavía tocado en el ala por el genocidio vaciador de los milicos.

Consecuencias funestas  encadenadas (como los sujetos encadenados de cada una de las veintiocho historias de esta novela-riachuelo -), pero también como desgranadas cuentas tristes de un rosario de penas, salmodiado por  personajes furiosos y frustrados que perdieron toda libertad, pertenencia y esperanza.

Un trance infamante y cruel desde la esclavizante sobrevivencia popular a los impunes jerarcas sobrevividores del Fondo Monetario Internacional: toda una épica sorda, demoledora! 

Registro que los editores argentinos pareciera que no quieren que sea referencia  histórica y literaria desoyada, candente y viva.

"Eso? Ya fue!", que dirían...

Poni Micharvegas
Madrid
2M22NE
(24.III.2007)
 

Todo no se puede