EL MAGNO (2)
Cuando, en junio del año pasado, en plena, pobre, triste e ignorada Feria del Libro local, lo visité en el hospital donde pasó sus últimos meses antes de la partida (¿partida?) definitiva (¿definitiva?), le comenté que la gente de “La Grieta” de San Martín de los Andes quería publicar un libro con algunos de sus poemas, me dijo que se dedicaría a elegir aquellos que quería fuesen publicados, y me signó como el responsable de redactar éste, el prólogo que los acompañaría. Unos días después, me entregó la lista con los poemas que quería se editaran, corregidos, por supuesto, el nombre (junto al cual había escrito la pregunta “¿a secas?”, que nos tomamos la libertad de incorporar al título) que deseaba se le pusiese al libro: “Antología poética”, y el encargo de que éste fuese dedicado a Guillermo Funes, acompañante incondicional de sus últimos meses.
mariani (así, sin nombres de pila y con minúsculas, como le gustaba
presentarse y firmar sus textos), nos “cayó”, allá por el ´96, y desde
entonces pasó a formar parte de nuestro monótono paisaje patagónico, el de la
Patagonia esteparia, no el andino de los almanaques y los folletos turísticos,
sino el de la Patagonia de la cual nuestro amigo poeta dijera alguna vez: “A
mí me gusta la Patagonia, a pesar de todo, pero me gusta la Patagonia así,
como esto, despojada, no me hablés de Bariloche, todo eso no lo soporto, la
Patagonia para mí es esta cosa fea, amarilla, gastada, sin nada (...). Zapala
tiene más que ver con la Patagonia, para mí, que Bariloche o San Martín”.
Y fue un soplo de aire fresco en medio de la amodorrada siesta zapalina, “y
desde entonces nos atormenta, nos provoca y nos involucra con sus delirios...”,
como alguien escribió en alguna oportunidad, refiriéndose a él.
¿Quién era (¿quién es?) mariani?
Decía el Poeta (el Viejo, el Magno...) de sí mismo, en un texto que, titulado como “notas biográficas”, escribió, allá por el 2001, en ocasión de un frustrado intento de la Secretaría de Cultura de Zapala de publicarle algunos de sus cuentos:
“mariani, autor reconocidamente anónimo del siglo XX, a fe de los
comentaristas i/o exégetas (no del todo fidedignos) de su vida i obra, habría
nacido en Buenos Aires, Reprivada Argentina, ya avanzada la década del ´30.
Cursó profusos -i a todas luces inútiles- estudios en diversidad de oscuros
establecimientos en los cuales, sus autoridades, prudente i sabiamente -como
corresponde!-, procedían a suspenderlo i de
los cuales, es lógico, era expulsado con llamativa aunque nada sorprendente
frecuencia... Ya en sus años mozos -i en los no tan
mozos- transitó, con mayor o menor fortuna (dependiendo del tiempo i las
circunstancias), multitud de “oficios”, de los que cabe destacar los de
“Maestro” i/o “Sabio”, de Bar i Billares, “Pinche”, “Cagatintas”,
“Plomo”, “Visteador”, “Scruchante”, “Campana”, “Fiolo”, “Ñoqui”
(adjunto), “Consejero de jóvenes”, “Equilibrista”, etc., etc.
También
discurrió -sin prisa, pero sin pausa- por las “Promenades” del Arte i la
Literatura (decadentes, por supuesto) de su
tiempo donde, siempre, con su aire i andar vacilante, i su discurso
ininteligible, siempre, reiteramos, lograría Gloria y sucesos inauditos i, como
obvio corolario, el indiscutido, merecido -i claramente distintivo- apodo de... “Sombra entre las Sombras!”.
En muchas i diversas ocasiones, i a modo de “pasatiempo”, ejerció también
de “Co-”. En efecto, fue Co-fundador i Co-editor de las revistas OPIUM (Bs,
As., ´63/´67), Maconha Press (Sao Paulo, circa ´76), ARTES E LETRAS (Rio de
Janeiro, ´83/´85) i DAMAJUANA (Madrid, ´98/´99), todas publicaciones
absolutamente infames de poesía i afines. Para completar la secuencia de sus
actividades en este... extraño (?)... quehacer, acrecentaremos sus
Co-participaciones (como Co-autor, Co-director i/o Co-productor) en los
incalificables espectáculos JAZZPIUM (DI TELLA, Bs. As., ´70/´71) i SIMULACRO
(ídem, id.).
De
sus (para muchos) inextricables publicaciones, ay!, ya definitivamente
desaparecidas (las más), algunos ejemplares de sus POEMAS DE OREJA, MAMOTRETOS
I LADRILLOS ... DE OREJA i MEJUNJE DE “NUEVOS” I NUEVOS! POEMAS DE OREJA aún
circulan más o menos subrepticiamente entre sus “fans”... El resto, 7
HISTORIAS BOCHORNOSAS, 7 POEMAS GRASSIFICANTES i 7 POE-MAS, largo tiempo-espacio
ha... que han.
Por lo tanto, debemos (...) agradecer a la Secretaría
de Cultura de Zapala la feliz -i temeraria- iniciativa de editar el presente
volumen, para el que fueron seleccionados cuatro historias que ya integraban el
ya mencionado 7 HISTORIAS BOCHORNOSAS, una “crónica” (del año 2000) i un
“diálogo” especialmente compuesto para esta edición, fechado: abril de
2001, trabajos todos que (no) estamos seguros harán las delicias de los amables
lectores i, por qué no?, de los no menos amables caballeros (i/o damas) que
constituyen el grueso de la Crrítica...
especializada.”
Nunca le publicó, la Secretaría de Cultura, el volumen en cuestión,
pero sí lo hicimos, en una edición casera, Inés Finondo y quien esto escribe,
para la Feria del Libro zapalina del invierno del 2003. Bajo el nombre de “Historias
bochornosas”, y con un éxito editorial sin precedentes (habremos vendido
unos 20 de los 60 libros armados en forma artesanal) conocieron nuevamente la
luz los siete cuentos que, a fines de los ´60, y apadrinado por el pintor Rómulo
Macció, le publicara Sudamericana, más dos de factura local, escritos en
Zapala. Por ese entonces, redactó otro prólogo, que nos hizo presentar como
elaborado por nosotros, sus “editores”, y que decía así (vaya transcripto,
como herramienta útil para conocer quién era (o como para conocer cómo quería,
jugador incansable con las apariencias, que pensáramos que era), y porque es un
placer leerlo):
“mariani, nacido –dicen–
en buenosaires, frente a las
“diáfanas” aguas del Riachuelo, en 193...,
es el típico capricorniano, durante años favorito no sólo de las
madres (solteras), sino también de las hijas de éstas... y de otras, por
supuesto que todas ellas aficionadas a la Astrología de jardín de invierno. Su
obra es inclasificable, dentro de cualquier padrón.. “normal”, y para
algunos incalificable! (e insoportable, e indigerible, etc.). “Soy
un poeta menor”, afirma con su acostumbrada modestia –y sorbiendo
deleitado su copa de leche– , y agrega: “En
fin, es algo, no?”
Sobre las presentes Historias
nos dice: “Son Bochornosas, no sólo por
lo que acontece en ellas, sino por el tono en que están contadas. Lo bochornoso
puede ser dramático, en su contenido, pero nunca lo es, realmente,
porque siempre se resuelve en clave, digamos... ridícula i/o grotesca. Mis
pesadillas –i mi propia vida cotidiana– lo son. Oh, pero no me quejo!; no,
porque son el material del que me alimento, i con el cual, mal o bien sobrevivo...
graciosamente.”
Bastante se ha publicado, en este último año, sobre nuestro querido
amigo mariani. Una entrevista: “mariani
por él mismo”, realizada por Lautaro Ortiz, y aparecida en el suplemento “Radar
Libros” de “Página 12”, el 18 de
enero. Sendos artículos: “La leyenda
del santo bebedor” y “El último
poeta beat argentino”, el primero publicado en la revista “Lezama” del mes de octubre, y el segundo, en el diario “Río
Negro”,
el 16 de noviembre, redactados por Ricardo Ortiz, quien estuviera cerca del
Poeta en los últimos meses en que nos acompañó con su presencia física. Un “Suplemento
mariani”, elaborado por el poeta Andrés Cursaro, actualmente residiendo
en Rada Tilly, en Chubut, y que publicó la revista “Museo Salvaje” de Santa Rosa, La Pampa, en el mes de noviembre,
y que incluye una biografía: “mariani,
el gran poeta refugiado en la Patagonia”, una entrevista, realizada en el
año 2001 y ya publicada, ese mismo año, en la ahora desaparecida revista
virtual “Revuelto.net”, fragmentos
de cartas escritas a Cursaro por mariani, y algunos de sus poemas. Y un texto
escrito por su amiga Adriana Marcus: “El
Magno”, que en este mes de enero publicó el periódico “La
grieta”, de San Martín. A todos estos textos echaré mano, además de a
un video, con una entrevista, que grabara, allá por el ´99, Claudio “el
Cofla” Prieto, dando por descontado que sus autores no se molestarán por ello,
para intentar contarles, completando lo dicho por él mismo, a quienes no
tuvieron el placer de conocerlo, quién era-es mariani.
Sabemos, a pesar de sus intentos (¿por coquetería?, ¿por espíritu lúdico?)
por ocultar la fecha real de su nacimiento, que vino a este mundo un 13 de enero
de 1936, en la ciudad de Buenos Aires, y que pasó su niñez y su adolescencia
en los barrios de Villa del Parque y de Villa Devoto. Durante los años de su
infancia estuvo muy cerca de su tío, Roberto Mariani, escritor integrante del
grupo de Boedo y que falleciera en el 46, siendo nuestro mariani pequeño aún.
De él ha dicho: “Roberto era un tipo
muy dulce, muy amable. Murió cuando yo tenía 10 años y a pesar de mi corta
edad entablamos una fuerte amistad. Yo solía quedarme en su casa del barrio de
Once. Recuerdo su gran biblioteca, abarrotada de libros, sobre todo de
escritores rusos como Gorki o Dostoievski, pero también estaban Joyce y
Pirandello. Roberto me pasaba algunos de esos libros. (...) Él solía decir de
Arlt con una sinceridad valorable: “Ese Roberto tiene algo que a este Roberto
le falta: talento”. Mi tío tenía una buhardilla con una escalera de caracol
y yo vivía fascinado con ese lugar. Una tarde me quedé solo en esa casa del
Once y me atreví a subir. Encontré una gran mesa llena de manuscritos y
carpetas. Recuerdo que había uno abierto, todo tachado a lápiz. Con el tiempo
descubrí que mi tío le corregía los originales a ese talentoso. A decir
verdad, le debo a mi tío haber comprendido uno de los mecanismos básicos de la
literatura. Un día se estrenó su obra teatral “Un niño juega con la muerte”
en el Teatro del Pueblo y allá fue toda la familia a apoyar a Roberto. El
personaje principal se suicidaba al final de la obra y tuve que pedirle a mi tío
que me mostrara el revólver porque yo estaba convencido de que el actor se había
matado. Ahí comprendí que en el arte no interesa lo veraz sino lo verosímil.”
En los años en los que
transcurrió su adolescencia, se aventuró en la Patagonia, hacia donde ya había
emigrado Atilio, su hermano mayor, y en donde trabajó, entre otras cosas, como
peón rural. Fue allí donde comenzó con su actividad literaria. “Yo
empecé a escribir cuando tenía 14 ó 15 años, tal vez para evitar la soledad
porque estaba en Chubut, trabajando de aprendiz en una estancia, y me sentía
muy solo, era un chico de 14 años, totalmente sin ninguna experiencia, creo que
tiene que ver con eso. Eran unas horribles imitaciones de Edgar Allan Poe, pero
bueno, se empieza por algún lado...”
La década del ´60 lo vio
deambular por unas pocas calles céntricas de la ciudad de Buenos Aires. Fueron
años de creación y delirio, “... de
intensidad, de conocimiento, de recorrer permanentemente las cuatro o cinco
calles que nos unían en esa ciudad que empezaba a mostrarse tremendamente
belicosa”. Años que se circunscribieron al microuniverso delimitado por
las calles Marcelo T. de Alvear, Leandro
N. Alem, Maipú y la Avenida Córdoba, y que giraba en torno al bar
“Moderno” de Maipú. En ese tiempo, junto a Ruy Rodríguez, Sergio Mulet,
Marcelo Fox e Isidoro Laufer, creó el grupo “Opium”,
cuyo manifiesto, hecho público en el ´63, proclamaba: “Asomados a la confusión de Baires, nuestro pan cotidiano, sintiendo
todo el peso del hemisferio sur del caos, aparecemos nosotros y OPIUM; nosotros
(sátiros-cínicos-borrachos-enamorados hijos de la decadencia de Occidente)
gritando y cantando con los dedos manchados de nicotina apuntando; nosotros
amigos hasta que dejemos de serlo (entretanto nos dedicaremos poemas); nosotros
oliendo nuestro propio aliento alcohólico.
Nosotros:
OPIUM.
Nos conocimos en revistas, en bares, en confusas
reuniones a las tres de la mañana. Nos conocimos orinando en baños donde leímos
que Perón o Tarzán nos salvarían; nos miramos a los ojos y sonreímos:
ninguno quería ser salvado”.
Bajo el apotegma de Ezra Pound: “Cantemos
al amor y al ocio, nada más merece ser habido”, publicaron seis números
de una revista que llevaba el mismo nombre que el grupo y que sirvió para
difundir sus gustos literarios y su ideología. En el ´65 escribían: “Porque no somos ángeles, porque no somos santos,
porque no somos buenos vecinos; porque somos inútiles, porque somos escritores
que no escriben, porque no fuimos a estudiar a academias para que nos dieran un
diploma que nos permitiera escribir gansadas el resto de nuestras vidas; porque
siempre seremos estafados por otros más ‘vivos’ que nosotros, porque
constantemente decepcionamos a aquellos (a aquellas) que creen en nosotros,
porque estamos completamente equivocados y porque no queremos competir ni
triunfar en la vida y ser alguien. (...) O quizá, porque no tenemos vergüenza.
O porque NO, simplemente. En fin, nada del otro mundo: aquí estamos, y allá
vamos. ¡SALUD!”.
En
esa filosofía de vida se mantuvo, coherente, nuestro poeta. “Nunca
me interesó eso de triunfar ni ser mejor que nadie, yo lo que quiero es ser yo,
en la medida de lo posible, y, a medida que voy descubriendo qué significa eso
de ser yo, trato de expresarme”, dice desde la entrevista del video.
Sergio
“el Yeti” Mulet le escribió, hace algunos meses, desde España, y cuando la
vida del Poeta se acercaba a su fin, una carta titulada “Al Poeta Gris” en
cuyo primer párrafo le decía: “En una
secuencia de "Tiro de gracia", decías: "Qué manera de perder el
tiempo! Yo debería haber sido saxofonista!". No sé, evocado mariani (eso
con muchas i i i i i), como alguna vez había pintado Freddy Martínez Howard,
si logrado el émulo de mulligan (Jerry), no lo habrías perdido igual, porque
el tiempo no se gana ni se pierde, sencillamente se esfuma. No sé, si el saxo
se hubiera impuesto a la desplumada lira, si no hubieras elegido ser un
pordiosero del ARTE, pues especular con aquello que se podría haber sido es
tarea de quirománticos, chamanes, brujos y pelajes parecidos, pero sí sé que
en los 60, cuando tú y el "YETI" se asociaron con aquellos otros dos,
ya tenías la idea de no ser nada, y cuando un buen día te borraste del
"Moderno de Maipú" y todas las referencias llegaban de Buzios, supe
que Kerouac y los suyos habían hecho mella en el hombre de "Devoto",
en el ideólogo de "Opium", en el editorialista que no buscaba la fama
ni el reconocimiento de los "escribas" oficiales. Y bien, historiador
y fundador de "cantemos al ocio", el tiempo perdido o ganado se
termina, la aguja afilada y necesariamente puntiaguda se superpone con la otra,
la más pequeña, iniciando el vigor de las campanadas finales.”
Se relacionó, en esos años, con poetas, artistas plásticos, músicos,
delirantes y buscadores varios, muchos de cuyos nombres pasaron a la
“posteridad” y son reconocidos ahora en el mundo cultural de nuestro país.
En el ´98, y con motivo de un encuentro que con el Magno tuviese en
Buenos Aires, en vísperas de que éste partiese hacia España, Héctor
Libertella escribió un breve texto que apareció en el diario “Clarín” y que decía, entre otras cosas: “Desde Leandro Nicéforo Alem a Maipú y de Marcelo T. hasta casi Córdoba,
allí está la Gran Manzana. Ni qué decirlo: en los dorados sesenta era muy
loca. Me consta porque viví años de años como un gusano en el corazón de esa
manzana. (...) Misteriosa y cambiante manzana. Hace cuatro días me encontré
allí mismo, ¡después de 30 años!, con los míticos integrantes de la revista
“Opium” –especie de boletín poético del barrio– : Ruy Rodríguez y el
legendario Mariani, centro paterno absoluto de aquellas mesas del Bar
Moderno...”
Actividades diversas realizó en ese tiempo para subsistir. Protagonizó
varias publicidades y cortometrajes, puso su rostro en imágenes de fotonovelas,
en las que solía hacer el papel de galán maduro, según contó alguna vez, y
fue uno de los personajes de “Tiro de
gracia”, película que, dirigida por Ricardo Becher y con guión de Sergio
Mulet, se estrenó en 1969. Sudamericana le publicó, en esa época, “7 historias bochornosas”, un volumen en el cual se reunían
siete cuentos de su autoría.
En el año 1972, y luego de publicar “7 poemas grassificantes”, decidió abandonar nuestro país y
fue entonces cuando partió hacia Brasil. “Estaba
harto de los golpes de estado y de la policía argentina (¡documentos! ¡documentos!)
y además en un acto de premonición supe perfectamente lo que iba a pasar. ¿Por
qué Brasil? En primer lugar por causa de la bossa nova: yo era (y sigo siéndolo)
un admirador de Joao Gilberto. También me gustaban mucho Vinicius, Gal Costa,
Elis Regina, Edú Lobo... y, en segundo lugar, tuve el presentimiento de que
pasase lo que pasase no me iba a aburrir para nada y acerté en pleno...” explicó
en alguna entrevista. Y también: “Allí me pasaron muchas cosas buenas y otras muy jodidas. Primero caí
en San Pablo y de ahí me fui a Buzios, donde viví del ´75 al ´78. Por aquel
entonces no había mucha gente, era una aldea de pescadores y sólo había
cuatro bares. ¡Era un paraíso!”.
Fueron años en los que perdió
todo contacto con su familia y sus viejos amigos, a tal punto de que muchos
pensaron que había muerto. En un cuento que lo tiene como protagonista, un
amigo de mariani, Poni Micharvegas, escribió, a raíz de un encuentro casual
con él, en Brasil: “Desde hace tiempo andábamos buscándolo a través de noticias
inciertas que nos forzábamos por creerlas veraces. Así el Poeta había muerto
(de algo así como muerte natural) en plena selva amazónica, en una larga
excursión en barco que remontaba el espléndido río. (...) Otra era aquella de
que estaba virtualmente vivo pero atrapado por todos los poros de los vicios
inmundos que daban los barrios prostibularios de la cidade, especialmente el
Mangui. Una tercera (...) decía que se lo había visto en una playa al sur de
Bahía, vendiendo sánduiches y cocacolas en una carpa improvisada con lonetas y
palos de pino. Esta última, la que lo daba rebuscándosela, era la más creíble”.
No sucumbió en Brasil, sin embargo. No escribió mucho durante ese período, abocado a vivir más que a producir. “Vivía y leía más de lo que podía escribir. Todo era vivencia, vivencia. Es una vida muy intensa la de Brasil.” Sólo publicó un libro de poemas: “7 Poe-mas”. Distintas actividades de rebusque, como vender ropa, bijouterie, panchos o libros usados en la playa, lo ayudaron a subsistir en esos años.
Y en el ´96 nos “cayó” en Zapala. Tras largos meses de internación en una institución psiquiátrica brasileña por causa del alcohol y los “etcéteras”, como él mismo dijera, alguien se puso en contacto con su hermano Atilio, advirtiéndole que estaba muy mal, permanentemente alcoholizado y viviendo en la calle, al borde de la muerte. Tras una invitación de éste, el Poeta se refugió en una de las habitaciones de su casa, donde, lentamente, fue recuperándose.
Dos años duró su estancia allí, pues a fines del ´98 partió, invitado por su amigo José, “el Gallego”, hacia Madrid, de donde volvió, un año después, también con la frente marchita, luego de meses de “pasarla mal”, viviendo en la calle o en albergues para indigentes, para quedarse definitivamente en la ciudad neuquina. “La situación de nuestro amigo MARIANI no mejora. Antes bien, se complica día a día. Un cierto “negativismo sistemático” hace que rechace el tipo de ayuda que aquí podemos ofrecerle. Y él sigue “resbalando” sobre esta realidad. Se siente “enfermo”, bebe, y eso le hace sentir más “enfermo”, y así. Y al estar indocumentado, se hace cuesta arriba tratarlo en instituciones españolas que tienen el rostro de la caridad pero las entrañas del demonio...”, nos escribía Poni Micharvegas, quien le tramitara la repatriación, vía Cancillería, desde España. “Volví porque al final me estaba yendo mal, al principio me fue bien, después me fue muy mal, estaba en la calle, tres meses, después me consiguieron, por suerte, un albergue, donde había por lo menos para dormir, comer y tomar un baño y ahí sentí que tampoco me podía quedar a vivir eternamente en el albergue porque es un especie de mezcla de cárcel con hospital, si bien podía salir y entrar, pero mismo así, había horarios y ciertas reglas y etc., que en fin, son comprensibles...”, le cuenta el Poeta a su entrevistador, de regreso en Zapala.
Pero además de “pasarla
mal”, siempre presentes en él su tendencia a la autodestrucción y su pasión
creativa, en Madrid el Poeta le dio vida a “Damajuana.
Poesía aleatoria”, revista literaria en uno de cuyos números mariani
escribía: “Antología
Aleatoria (De La Poesía.). ¿Por qué? Porque ‘pescamos’ los poemas de
donde (i cómo) podemos. Sin prejuicios –o pre conceptos-, a menos que se
consideren como tales buscar la calidad… i principalmente la creatividad, o la
intención de crear o re-crear el ‘hecho poético’. ‘Pescamos’ de otras
antologías, de las gavetas de los amigos o del libro que nos hiere nos fascina,
el libro que tenemos, o que nos prestó-cedió-regaló mariángeles, o pepillo (según
el gusto de cada uno), tras sudorosas sesiones de búsqueda; o que –distraídamente-
se nos pegó en alguna librería (santas instituciones). Pescamos –lo
confesamos con la debida constricción- sin poseer la parafernalia suficiente
que ofrecen por la televisión! Perdón… Perdón! Pues apenas tenemos para el
vino. Cuando tenemos. Justificaciones ‘ideológicas’? Por favor, señores (i
señoritas) comisarios de ¡LA CULTURA! Por favor…!”.
Años prolíficos, en cuanto a su producción literaria, los que pasó en Zapala. El reposo del guerrero. En la chatura de la estepa patagónica y de la vida social zapalina, lejos de la intensidad de los´60 de Buenos Aires y de Brasil, en la tranquilidad de la casa de Atilio o de Adriana, en la soledad de su pieza de pensión, escribió y publicó como nunca lo había hecho antes. Reflotó, reformuló y redondeó algunos viejos poemas que tenía dando vueltas por ahí, y escribió otros muchos. Publicó, en forma artesanal, varios libros de poemas: “Poemas de oreja”, “Mamotretos i ladrillos... de oreja”, “Mejunje de nuevos! i ‘nuevos’ poemas de oreja”, “Entremeses eróticos (sazonar a gusto)”, en co-autoría con su “ilustradora personal”, Inés Finondo, y “Mamotreto nº 13”, y uno de cuentos: “Historias bochornosas”, presentados todos ellos en las sucesivas Ferias del Libro que se fueron organizando en la ciudad
Agitó el avispero y agrupó,
en esta ciudad perdida en la inmensidad de la Patagonia, a varios jóvenes
poetas y artistas locales, y organizó algunas muestras artísticas que se
presentaron bajo el nombre de “Bajo la
puerta del bajo”. Supervisó, también, la publicación de una revista
literaria: “De culo al barro”,
cuyo nombre parodia el de un programa televisivo zapalino, conducido por un
pueril y orondo “gran poeta” local: “De
cara al viento”. “...trato de
expresarme, y hacer revistas o hacer muestras también forma parte de eso, y no
lo hago solamente para aparecer yo, hay una parte de ego, lógicamente, pero
además quiero mover el ambiente (...) y encontrar otros espíritus afines,
gente que hace una cosa o la otra, que no se conforma...”
Leyó y escribió mucho en esos años, y se lo veía deambular por nuestras calles, enorme y torpe, caminando con dificultad debido a una polineuritis que, como secuela, le dejara la ingesta excesiva de alcohol (“Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: esa es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.”, escribió Baudelaire, y mariani le hizo honor). O sentado, en algún cantero o parecita, cruzadas sus piernas, uno de sus antebrazos apoyado sobre ellas y el otro en el aire, sosteniendo un eterno cigarrillo, mirando pasar la vida, o, con la mirada perdida, sumido en sus pensamientos, viajando vaya uno a saber por dónde o atrapado en las garras de alguna musa, elucubrando un verso.
Toda su vida se mantuvo en los márgenes del “Sistema”, aunque sirviéndose de él para subsistir. “Te imaginás si yo me hubiera dejado arrastrar por problemas de laburo (léase también guita), dónde estaría desde hace décadas? Dónde? En la fosa (común) INDUDABLEMENTE. No, andrés, ese tipo de problemas que te impone el Sistema i sus cómplices conscientes –los agentes: policías, milicos, burócratas, tecnócratas, en fin, toda la paranocracia oficial i el Capitalismo en general– i, también, los “inconscientes”: la familia, las mujeres (!!), los vecinos... i así, ese tipo de problemas no puede acabar con Nos –nos mediante, es claro–. (...) Con nosotros sólo “pueden” nosotros”, le escribía a Andrés Cursaro. Y al “Cofla” le decía, en la entrevista, cuando éste le preguntó si alguna vez se había sentido presionado por su forma de vida: “Por supuesto, las personas no quieren saber nada de personas que no estén esquematizadas porque todos quieren que los salve alguien, Dios, el gobierno, qué sé yo, Tarzán. Las personas quieren que venga alguien a salvarlos, alguna vez, y entonces no soportan que uno esté buscando continuamente, atreviéndose a vivir. Claro, muchas veces he caído del caballo, por supuesto, y vaya a saber cuántas veces voy a caer todavía, no que me guste, pero bueno...” A pesar de las caídas del caballo nunca se quebró ni se dobló, a lo sumo, se reventó.
Un sobreviviente, sin duda, ha
dicho alguna vez: “Han conseguido
sobrevivir millones de años, ocultándose en las grietas, en las rajaduras, en
los “aujeritos”. Los grandes bichos, los dinosaurios: caput. Han sobrevivido
los insectos. Millones de años. Yo no quiero sobrevivir millones de años, por
supuesto, sería un poco aburrido, pero entre tanto me he dedicado a sobrevivir,
así, a través de las grietas, en agujeros”.
Amante del buen jazz, del buen cine, del buen fútbol, de la buena comida y, por supuesto, de la buena literatura, fumador incansable, bebedor empedernido, consumidor de “lo que pintara”, conversador ameno, conocedor de muchas cosas, locuaz y entusiasta por momentos, hosco y callado por otros, irónico, mordaz, lúcido, contradictoriamente más allá del bien y del mal sabedor de la inexistencia de verdades absolutas, a veces, y preocupado por banalidades cotidianas, en otras, su presencia se nos hizo indispensable.
“Cachorro de raza inmensa, de grandes patas torpes, de mirada dulce o perdida, de a ratos mordedor implacable, de a ratos absorto en sus recuerdos, escondiendo su ternura detrás de un par de ladridos. Prefiero recordarlo así, como el magno desafiador, el magno degustador, el magno amante de la música, el magno enemigo de la tecnología, el magno manipulador, el magno chorro por deporte, el magno un poco mentiroso, el magno contrariador de quebrados y achanchados buenos ciudadanos, el magno despreciador despiadado de chatos e indiferentes desapasionados, el magno desordenado, el magno deslumbrado por el descubrimiento tardío de la magia de la Naturaleza, el magno admirador de mis gatos, el magno insurrecto irrespetuoso, el magno simpático y ocurrente y el magno antipático ensimismado: es decir el magno humano, el magno obsesivo de la puntualidad, el magno insistente corregidor infinito de sus propios poemas insoportablemente por siempre, el magno enemigo de la ducha diaria, el magno egoísta por sobreviviente, el magno generoso por estar de vuelta, el magno cabezadura, el magno escrupulosamente discreto, el magno anarcodiscutidor, el magno contador de anécdotas, el magno amante de las novelas policiales, el magno baquiano de todas las literaturas, el magno conversador, el magno poeta, el magno amigo querido, el magno Magno.” Así lo recuerda Adriana, en cuya casa el Poeta viviera durante dos años, a su regreso de España.
La enfermedad se manifestó en vísperas de la Feria del Libro que se hizo en Zapala en junio del 2003. Con los síntomas de una gripe, que lo mantuvo en cama por varios días, comenzó los estudios médicos que le diagnosticaron cánceres varios: uno cierto en la boca, y otros probables (nunca completó los estudios, que se perdieron varias veces, harto del manoseo a que se vio sometido y de la ineficiencia del sistema público de salud) en otras partes del cuerpo. Y allí comenzó su calvario. En forma paulatina y progresiva se le fue haciendo cada vez más difícil caminar y hablar, hasta que quedó postrado y confinado en la soledad y el tedio de su pieza de pensión, necesitado de un lápiz y un papel para poder comunicarse, y visitado por unos pocos amigos (el “Kolo” Franco, Guillermo Funes, Claudio Saez, Nico Ciucio, Ricardo Ortiz, Adriana Marcus, yo...) que le acercábamos comida, fernet, cigarros, música, compañía...
Pasó los últimos meses de su vida en el Hospital de Zapala, de donde fue derivado, por falta de espacio, al de Mariano Moreno, a 20 kilómetros, donde nos dejó (¿nos dejó?) el 13 de agosto del año pasado.
“Ayer falleció el Poeta. Te imaginás que estamos
todos de capa, alma y párpado caído. Hace 20 días lo llevaron al hospital de
Mariano Moreno. Allí estaba mucho mejor, en una pieza de dos camas, estaba al
lado de una hermosa ventana con vista a los árboles. Los médicos le quitaron
el fernet (su apoyo frente al dolor, que dijo no sentir demasiado, y que lo hacía volar). Ayer fue viernes 13, así
como 13 (de enero) fue el día de su nacimiento, 13 de febrero la primera visita
de ustedes a Zapala, y 13 el número elegido para su (último) libro. ¿Te dice
algo la cifra 13?”, le escribía Adriana a Andrés Cursaro, con motivo de la muerte del
Poeta. También le escribieron a Andrés, en esos días, Ricardo y el “Kolo”.
“Apenas
le refiero que Mariani enfrentó su final con una entereza admirable y que su
presencia intacta me ronda (como a todos) alimentando de a ratos esta resignada
e inevitable amargura.” le decía Ricardo. Y el “Kolo”: “Una tarde me dijo (...) que estaba esperando irse y la "cosa"
seguía estacionada. Le apenaba verse así, sufrió más las limitaciones que
los dolores. Ahora se liberó y me dejó cosas re-copadas: la experiencia
de compartir con él la pasión por el jazz (...), el fernet y hasta su
escritura que me cuesta un huevo digerir.”
No es mucho lo que pueda decir
sobre su obra, ella habla por sí misma. Acercarse a ella, como acercarse al
Poeta, conmueve. Produce simpatía o rechazo, admiración o repudio, pero nunca
indiferencia. Involucra. “Yo trato de
comunicarme y que él (el lector) trabaje
su cabeza y sus sentimientos, en la medida que los tenga, que trabaje como
trabajo yo. Yo, cuando leo a Kafka, un suponer, tengo que trabajar una
barbaridad para captar, entonces creo que los demás tienen que hacer lo mismo,
no solamente conmigo sino con cualquier obra. No estoy de acuerdo con explicar
las obras, hay que romperse la cabeza y equivocarse, atreverse a equivocarse...”
Ha dicho, mariani, sobre su
necesidad de escribir: “Se me cayó
encima y se apropió de mí y no tuve más remedio que seguir. Me fascina, con
las palabras, buscar mi forma de expresión, que nunca la termino de encontrar,
así, definitiva, porque no creo que uno encuentre nada definitivo. Cada vez que
escribo un nuevo poema es una nueva aventura, no sé cómo va a salir, no tengo
ni idea de cómo va a terminar y, generalmente, los títulos se los pongo después,
porque me los sugiere el mismo poema. Mis poemas son, generalmente, diferentes
entre sí porque como que se me cae encima la cosa, yo no sé de qué voy a
escribir (...), tengo de toda clase de poemas, agresivos, panfletarios, medio
herméticos, otros feos, así, a propósito...” Y también: “En
la poesía hay un 5 por ciento de talento y un 95 por ciento de sudor. Es
trabajo, trabajo y sudor, sudor. Hay que patearse, romperse el culo y sentirse
un fracasado y volver sobre cada palabra, sobre cada línea. Eso es lo que creo.
(...) Es que corrijo todo el tiempo, incluso lo que está publicado. Cada vez
que leo un poema mío, seguro va a terminar con alguna corrección. Es un
infierno, el infierno de las correcciones.”
Libre ya de ese infierno, no podrá corregir más sus poemas, pero en ellos, así, inconclusos como los vería él, bellos, potentes, intensos, vitales, musicales... nos acompañará el Poeta por los siglos de los siglos.
Jorge Casella
Zapala,
enero de 2005