JOSÉ FERNÁNDEZ-ARROYO
 
 
  Fuiste esa voz, Neruda,
  que de pronto estremece como un grito o un cántico,
  voz que, nunca escuchada, te despierta, te agita
  y como tuya entiendes y acompasa tu paso.
  Pronto fuiste mi guía,
  mi farero y mi faro,
  pero hados adversos trocaron mis caminos
  y no alcancé los muelles de tu puerto oceánico.
  Como albatros perdido entre mil horizontes diferentes
  todo en mi fueron ciegos y torpes aletazos.
 
  Cien años ha, Neruda, que naciste
  y que te fuiste hace sólo treinta y un años,
  y aún nos queda el eco de tus cantos telúricos
  que despertaron tantos corazones humanos,
  que tantos duros muros de atávica injusticia
  han venido, a tu empuje, minando y socavando.
  Y ahora que el tiempo aventa todo a la lejanía
  y nos arrastra al frío rincón de lo olvidado,
   aún estás con nosotros y en nuestros corazones,
  en un cálido hueco para ti reservado
 
  Y ahora me llega el hondo eco de tus poemas
  que fueron para mí como un breviario
  y, con otro sentido y con otro destino
  siento en mi corazón tu verso resonando
  en esta hora decrépita en que nada se espera
 -"La dura y fría hora" que sin temor aguardo-
  de aquel poema tuyo hondo y desesperado:
  "Abandonado como los muelles en el alba
  es la hora de partir, oh abandonado"

Volver