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Por Rafael Cippolini Contemporáneos al alto delirio del
Grupo Pánico de París (el de Arrabal, Topor y Jodorowsky), y al charme
neovanguardista del neoyorquino Grupo Fluxus (cuyo apelativo también
nació con el proyecto de una revista homónima), brilló en Buenos
Aires, o más precisamente, en la entonces denominada manzana loca que
según varios arqueólogos de los sesenta se extendía un tanto más allá
de las coordenadas del Instituto Di Tella, reurbanizando un mapa que
abarcaba lo más interesante de lo que sucedía entre las calles Marcelo
T. de Alvear, Leandro Alem, Maipú y la avenida Córdoba-, un clan de
poetas, todos ellos veintiañeros, que sintonizó como ningún otro
aquello que las publicaciones de la época denominaron -parafraseando lo
que sucedía en Londres- como el Swinging Pampa o Buenos Aires Beat.
Eran, ni más ni menos, a quienes se refirió Miguel Grinberg, entonces
director de la revista Eco contemporáneo, cuando, sumamente enfático
aseveró: "¡Existen los beatniks argentinos!". Nosotros: OPIUM. Nos conocimos en revistas, en bares, en confusas reuniones a las tres de la mañana. Nos conocimos orinando en baños donde leímos que Perón o Tarzán nos salvarían; nos miramos a los ojos y sonreimos: ninguno quería ser salvado". Amor y ocio Beatniks y porteños: un lustro antes,
en 1958, el Sputnik I había estrenado su orbitación y fue asi que a la
ya existente partícula beat (roto, exhausto, destrozado), que señalaba
a los seguidores de Jack Kerouac, se le agregó nik, para formar esa
palabra que, según Héctor Zimmerman, describía a los cosmonautas y
linyeras del espacio interior. Piumo o el anagrama pirofágico El grupo Opium, asi como las
publicaciones que generó, tuvo su tiempo entre 1962 y 1968. Pero ésa
es la historia oficial de una experiencia nada oficial. También existe
una prehistoria bastante secreta y que puede sintetizarse asi: hubo una
primera plaqueta -quizá el primer fanzine sudamericano-, un ejemplar
hoy aún más inhallable que sus otras impresiones, que reunió y luego
confrontó a Ruy Rodríguez y a un jovencisimo Juan Carlos Kreimer -el
mismo autor de ¡Agárrate! (1970), la primera gran biblia del rock
nacional, con fotos de Osear Bony y Punk la muerte joven (1978), libro
de cabecera de toda una generación de punks hispanoparlantes- por
disidencias en la que se entremezclaban lo tipográfico, ideas de diseño
y otras intenciones. Rodríguez quemó gran parte de los ejemplares y
Kreimer reformuló los restantes presentándolos bajo un anagrama
jitanjafórico: Piumo. Si el nombre original era una apropiación de
Alfred Jarry (de Les minutes de Sable Memorial: "Tras entregar un
papel azul al cajero, con el bolsillo tintineando, ascendí a uno de los
ómnibus del pais del Opium"), el neologismo de Kreimer pasó a
engrosar, de inmediato, el argot circulante de unos pocos iniciados (perversiones
de otras perversiones del lunfardo). Como "Sunda". Menesunda,
Ultra Zum, etc. Tal es el titulo del libro de Rodríguez
que se pierde en Brasil, mientras Mariani acomete una renovación de la
revista mural en clave hipster: Opium '. Estas errancias, estos papeles
sueltos que proclaman una vanguardia instantánea, se oponían, con
diferentes grados de tenacidad y cinismo, a aquello que escapaba de la
creación de un estado crepuscular, propio; asi como también a toda
clase de pretenciones, pero por sobre todo a una: la carrera literaria
(para ellos, la mismísima peste). Si revistas como El escarabajo de
oro, Ficción o Airón propugnaron, desde sus estilos, un deber ser del
escritor, los Opium se divirtieron destrozando y ridiculizando cualquier
atisbo de imperativo o certeza. En cualquier sentido. Y para dejar en
claro que su fin no era en absoluto la escritura sino lo que ésta
producía y provocaba, filmaron cortos descerebrantes en 8 mm con
Rodolfo Privitera, amigo de la infancia de Néstor Sánchez, se
emborracharon con Tanguito, Javier Martínez, con Moris (que formaba
parte de una banda llamada, por supuesto, "Los Beatniks"),
Pajarito Zaguri y el poeta surrealista Juan José Ceselli, con Rómulo
Macció, Osiris Chierico y Héctor Libertella, quien por esos días se
enfrascaba en la cocina de La hibridez. El camino de los hiperbóreos y
Papá Proteo; se fascinaron con los nadaístas, con Ornette Coleman y su
free jazz, le dieron la espalda al psicoanálisis, compartieron noches
de insomnio con Norberto Gimelfarb, patafísico y discípulo de Aldo
Pellegrini y Juan Esteban Fassio, con la mítica Negra Rene Cuellar (por
la que Osear Masotta perdió la cabeza y derribó puertas), con Poni
Michiarvegas, editaron dos números más de su revista (el 2 y y el 3 y
', en julio ynoviembre del '65), prefirieron la bencedrina y las
pastillas Romilar (entonces de venta libre) , la marihuana y el whisky a
la ginebra (tan de sus amigos de la avenida Corrientes) y produjeron
Jazzpium en el Di Tella, un espectáculo de poesía con objetos en
escena de Pablo Suárez, puesta de Norman Briski y música al cuidado de
Carlos Cutaia, quien luego formaría parte de Pescado Rabioso y La Máquina
de hacer Pájaros. Este transcurrir inoperante ¿Cómo leer hoy, ya en otro siglo,
aquella aventura? En principio como un puro deslinde (ya que sus papeles
están muy dispersos, sino extraviados). Impresentables a décadas de
corrección literaria, dueños de una dinámica conspirativa que
reaparecería mediante un salto de décadas en grupos de los ochenta
como Speed (a quien Virus les dedicó una canción) de B. O. de
Lescano y Tato Odoriz, inspirados como pocos con Invitación a la
masacre de Marcelo Fox -quien se suicidaría pocos años más tarde-,
publicado en septiembre del '65 y promocionado devocionalmente (y
siempre en fotocopias) por Fogwill y Laiseca; o en experiencias como la
Escuela Alógena de na Kar Elliff-cé, donde 7 historias bochornosas,
primer libro de prosas de Mariani (Sudamericana, 1968, recientemente
reeditado en Zapala por Ediciones Truchas), es analizado y difundido
desde sus inicios. Corría el año 1973. Mariani edita un libro inolvidable: 7 poemas grassificantes, editado por Ediciones de la Flor Alta, y parte hacia Buzios. Nos deja un epígrafe, anónimo: "No sé de qué están hablando. Pero me declaro en desacuerdo". |